Ciudad de México 19-10-2017
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Crónica de una llamada de auxilio

Ayer hacia las seis de la tarde me vi en la necesidad de marcar el 911. Desde que cambió el número y fue anunciado con bombo y platillo por el mismísimo Presidente fantaseo con los programas de gringos donde contesta una operadora que empieza a dar todo tipo de ayuda: psicológica, instrucciones de seguridad o incluso de primeros auxilios. Mientras eso sucede, llegan los policías al lugar donde se les requiere, se bajan de la patrulla  como hombres o mujeres de acción.

Rápidamente se enteran de lo que pasa y preguntan para dónde se fue el agresor, porque supongo que ya la súper eficaz operadora del 911, les avisó que se trata de un robo a mano armada. Piden refuerzos y emprenden la búsqueda para atrapar al maleante, brincan bardas y sortean el tráfico. Se les nota ansiosos, alertas, ven sospechosos, preguntan en las calles aledañas, generalmente ven a sospechoso tratando de huir e inicia la persecución. Si lo atrapan, lo someten y se lo llevan a la estación de policía.

Bueno, pues volviendo a la historia, hace un par de días estaba en Cocoa, un café buenísimo en Coyoacán que está en la unión de Francisco Sosa y Presidente Carranza cuando de pronto llegaron una pareja de chavos asustadísimos porque en el famoso Callejón del Aguacate, ubicado a una cuadra del café, los acababan de saltar a mano armada. Las empleadas de la cafetería estaban agobiadas y enojadas porque a ellas,  unos meses antes, las asaltaron en ese mismo sitio y de la misma manera.

Desde mi teléfono llamé al 911 y todo iba bien: me contestó rápido una operadora muy amable, y realizando preguntas básicas, mandó una patrulla. Para mi sorpresa, la patrulla llegó en tres minutos, y de ella bajaron dos policías, con una pluma y una libreta. Empezaron a hacer preguntas y a apuntar, y a pedir descripciones, y la relación de bienes robados, y la ropa de los agresores, y empezaron a comentar que a un compañero policía los vecinos del callejón lo habían corrido porque no lo querían que hiciera guardia ahí, y así pasaban los minutos. Justo esos minutos que supongo son cruciales para atrapar a los maleantes. Nunca les vi la intención de correr, ni de buscar a los ladrones, ni ví que llamaran a los refuerzos.

Tristemente permanecí ahí algunos momentos más y no me tocó nada de acción. Seguramente los asaltantes se fueron muy contentos y tranquilos con su pistola, un dinerito y sus dos celulares nuevos.

Pues ni modo, no sucedió lo que me imaginaba después de llamar el 911. ¿De qué nos sirve tener un número de emergencias de avanzada, si los policías que llegan tienen ese patético protocolo de actuación?  Bueno, eso suponiendo que siguen alguno. 


Ana Saiz

Ana Saiz es abogada.

El Andén

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