Ciudad de México 25-06-2017
AMLO no aplicó la fórmula mágica en el DF
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AMLO no aplicó la fórmula mágica en el DF

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¿A poco no todos queremos que le vaya bien a México? Que se acabe la desigualdad, que se acabe la pobreza, que todos tengamos acceso a salud básica y educación -que son las bases del desarrollo-, que todos tengamos un salario digno que alcance para mucho más que medio comer, y si no es mucho pedir, que seamos desinteresadamente felices.

¡Claro!  Pero no se vale que nos doren la píldora como lo hace el líder de Morena con éstas y otras obviedades sacadas del speech de una Miss Universo que quiere "paz en el mundo" y una República Amorosa. Andrés Manuel López Obrador dice que va a convocar a los mexicanos a un acuerdo por la honestidad, y que si el presidente va ser honesto, automáticamente los gobernadores, los presidentes municipales y todo el pueblo va ser bueno, honesto y amoroso. ¡Nadie va robar porque no va a tener necesidad! Como si los huachicoleros robaran por hambre o los gobernadores porque su sueldo está muy castigado. Argumentos de un niño ingenuo.

Me gustaría preguntarle por qué siendo jefe del gobierno del DF no aplicó la fórmula mágica. ¿Acaso durante su mandato los miembros de su gabinete y de su grupo político como René Bejarano, Carlos Imaz, Sosamontes, Ponce fueron muy honestos? ¿Los inspectores delegacionales no extorsionaron a los comerciantes, los funcionarios de la tesorería o de las delegaciones no recibieron mordidas para gestionar o acelerar algún trámite o licencia? ¿La policía de tránsito no recibió mordidas durante seis años? Y eso sin destapar la caja de pandora de los segundos pisos del periférico: nadie entiende por qué sus costos se hicieron secretos. Supongo que tampoco hubo robos ni asaltos ni secuestros. Vivíamos en un paraíso amoroso. 

Aquí hay de dos: o pecó de omisión y era tan ingenuo que a sus espaldas todos hacían de las suyas (y tener un presidente sonso no queremos), o pecó de comisión y estaba perfectamente al tanto de las actividades de sus subordinados (cosa que tampoco queremos ¿verdad?). Todos sabemos que AMLO es un personaje que de tonto no tiene un pelo.

Ahora volvemos a ver la película de cada seis años: AMLO y su síndrome de bipolaridad autodestructiva. Con el mazo en una mano y sobando con la otra, quiere unir al pueblo en una República amorosa pero nos divide en buenos y malos. Siembra discordia contra los que no lo apoyan; si él gana es democracia, si no todo es espurio. Si los medios hablan bien de él son imparciales, si no, son vendidos. Expía pecados de quien se arrepienta y se convierta al morenismo pero manda al diablo no sólo a las instituciones sino a todo aquel que no comulgue en su fe; hace y dice lo que no tiene que hacer ni decir: se bronquea con sus amigos y si no se arrodillan ante él los llama esquiroles. Maltrata a sus seguidores: los llama solovinos. 

No sé si para bien o para mal (de la nación) pero no se da cuenta de que no es que él tenga muchos aciertos y por eso está punteando las preferencias, no. El PRI hizo las cosas tan, pero tan mal, que a pesar de los desaciertos de AMLO, le está poniendo la presidencia en bandeja de plata. Pero para variar él termina pateando la bandeja: si no rectifica ni así le va alcanzar. Sin duda, un caso digno de psicoanálisis. 

 


Adrián González de Alba

Aficionado a la guitarra flamenca, la política, la cocina y los idiomas.

El Andén

Etiquetas: AMLO Andrés Manuel López Obrador Elecciones 2018 Morena PRD