Ciudad de México 17-10-2017
Cárcel y adultos mayores
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Cárcel y adultos mayores

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Mientras la ciudad se encontraba con su atención en los accidentes de los nuevos autobuses para el Metrobus que correrá por Paseo de la Reforma, o el escándalo por las operaciones delictivas en Tláhuac, en la Asamblea Legislativa capitalina la representante Elizabeth Mateos Hernández impulsaba reformas al artículo 156 del Código Penal de la Ciudad de México, estableciendo que serán sancionados con cárcel aquellos familiares o tutores que falten a su responsabilidad del cuidado de adultos mayores y con discapacidad, pudiendo alcanzar penas de tres meses hasta tres años de prisión. Las atenuantes incluyen el dolo, aislamiento, hacinamiento, desalojo, o incapacidad de valerse por sí mismos.

El mero enunciado de las reformas propuestas lleva al ridículo; empezando por el hecho de que los castigos propuestos imposibilitan el fin que se pretende. Si por un lado el responsable de un adulto mayor está en la cárcel, difícilmente se podrá hacer cargo de él. Pero además distorsiona el fin que pretende, el cual es incrementar la responsabilidad social y familiar para con los adultos mayores.

Estos absurdos suceden en la ciudad que se ha recocido como la vanguardia en la atención de los adultos mayores, con acciones que van desde la creación de la Ley de los derechos de las personas adultas mayores, la cual reconoce entre otras cosas, que los adultos mayores son sujetos de derecho. Por ello, la sociedad y el Estado mexicano tienen un compromiso con ello: garantizar un desarrollo pleno.

Sin embargo, estas modificaciones normativas de ocurrencia muestran el problema de fondo. Por un lado, que los gobernantes no entienden como intervenir de una mejor manera fin de garantizar los derechos de las personas adultas mayores. El error de esta ley no radica solamente en la contradicción implícita, sino que se centra en el castigo que ha demostrado no disminuir la incidencia de los actos contrarios a los esperado. Pues es por demás probado que todos los sistemas punitivos no han demostrado ser efectivos en corregir los patrones de comportamiento de las personas. Razón por la que México ha transitado a un sistema conciliatorio penal. Por lo que estas disposiciones contradicen los esfuerzos que se han realizado en la construcción de un nuevo sistema penal ya acusatorio; es un regreso al pasado. Hablamos del respeto a los adultos mayores, pero ni siquiera eso damos con las decisiones gubernamentales que se llevan a cabo.

Más triste aún es darse cuenta que lustros enteros de esfuerzos gubernamentales y sociales para el reconocimiento de los derechos de las personas adultas mayores en la capital no han penetrado en la conciencia de las familias y la sociedad en su conjunto. No hemos construido las capacidades institucionales ni el cambio conductual necesario para darles un trato digno. Cegados por la idea de que la vejez queda aún muy lejos de nuestro tiempo, no hemos construido una sociedad solidaria con sus adultos mayores.

Las acciones que está llevando a cabo la Asamblea local, sin embargo, no contribuyen a ello. No ayudan al reconocimiento que la riqueza de nuestra sociedad está cimentada en el conocimiento, experiencia y el cariño que han dejado en nosotros aquellos que nacieron antes que nosotros, y que merecen todo el respeto, pero también todo nuestra capacidad social e institucional. Seguimos en deuda con nuestros adultos mayores.


El autor fue además titular adjunto de planeación y promoción social del Programa de Atención a Adultos Mayores a nivel federal.


Cristopher Ballinas

Seleccionado nacional de Kendo. Doctor en Ciencia Política por la Universidad de Oxford y Profesor en Políticas Públicas en el ITAM. @crisballinas

El Andén

Etiquetas: Adultos mayores ALDF CDMX Derechos