Ciudad de México 18-10-2017
Con los punos al aire
Vida Urbana

Con los puños al aire

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Las y los chilangos dan ejemplo de ciudadanía, empatía y humanidad

Los  puños al aire se convirtieron en la señal para guardar silencio, con la esperanza de escuchar alguna voz, algún sonido que sirva de indicio y saber donde escarbar. Cuando pasan volando bajo los estruendosos helicópteros de la prensa, revientan las mentadas de madre. El silencio vale mucho en estos momentos.

Cientos de personas se mueven de un lado a otro alrededor de lo que fuera uno de los edificios del Multifamiliar Tlalpan, sus tres niveles colapsaron y solo queda en pie la planta baja. "Parece un sándwich", coinciden quienes observan la escena.

Un muchacho de no más de 20 años, desde las ramas de un árbol explica  a todos los que se acercan que hay que moverse en silencio para que los rescatistas, que temerariamente guardan el equilibrio sobre el cemento roto y las varillas torcidas, puedan escuchar los anhelados murmullos de quienes continúan atrapados.

"Cuando yo levante los puños, todos los levantan, todos nos callamos", indica.

Mientras tanto las personas sigue llegando, todos antes que los militares y los servidores públicos con chalecos naranja. Algunos van con agua, otros con un pico, una pala, muchos más solamente con la fuerza de sus músculos. Las líneas para mover los escombros se arman espontáneamente, de mano en mano pasan las cubetas repletas de tierra y los restos de la construcción, hogar de muchos apenas al despuntar el día.

"Me acabo de hacer un tatuaje, a ver si no se me infecta con tanto polvo. Ni pedo", comenta con valiente resignación un adolescente que viene y va, incansable, empujando una carretilla oxidada.

Muchas mujeres ofrecen a los voluntarios agua, manzanas y cubrebocas. Todos y todas se cuidan entre sí.

"Pilas carnal, faltan pilas y lámparas", recomienda alguien cuando se oculta el sol.

El punk, la chava fresa, la oficinista, el abuelo, los niños, todos son solidarios, todos y todas dan ejemplo de ciudadanía, de empatía y humanidad.

Han pasado ocho horas desde que la Ciudad de México fue violentamente sacudida por la misma tierra que le cambió la cara aquella mañana del 19 de septiembre de 1985, dejándole una cicatriz que hoy, 19 de septiembre de 2017, volvió a sangrar.

Pero entonces como ahora las y los chilangos salieron a la calle, domaron al miedo, removieron las piedras y guardaron silencio deseando escuchar una voz que no fuera la suya.

 

Foto: Oscar Flores


Saúl Rivera

Politologuea, analiza la vida chilanga. @saulrjz

El Andén

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