Ciudad de México 20-11-2017
De la euforia y el desconcierto a la esperanza
Vida Urbana

De la euforia y el desconcierto a la esperanza

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Duelen los mariachis, el México lindo y querido, el himno nacional improvisado; lo más difícil vendrá después

La ciudad cambió y con ella cada uno de nosotros. Bastaron unos minutos para que el colapso en las calles de la ciudad y en nuestros corazones se hiciera presente.

Difícil caminar y no dejar de sentir, la confusión y los recuerdos son inevitables, otro terremoto, otro 19 de septiembre, otra destrucción, otros cuerpos 32 años después.

Poco importa la zona devastada que se recorra, las imágenes son las mismas, desconcierto, dolor, incertidumbre pero también esperanza.

Cadenas humanas para lo que sea, cargar, retirar escombro, preparar comida, atender mascotas extraviadas, pedalear incansablemente para llevar y traer víveres, agilizar el tránsito, una mezcla extraña de solidaridad y dolor.

Los binomios caninos nos roban las miradas y el corazón, son pieza clave en el marcaje de zonas de rescate. Trabajan al mismo ritmo que los rescatistas y voluntarios.

Son muchos, somos muchos, tantos que el atropello es constante, la ansiedad por ayudar se desborda y entonces la comida sobra en unas partes y en otras falta.

El éxodo de viandantes es continuo, ¿a dónde ir con lo recaudado?, los mensajes en las redes sociales y en los medios son confusos, la ayuda se aglomera, ¿qué llevar?, lo único cierto es que todo es ganancia, pero nunca será suficiente con lo perdido.

Ninguna angustia es menor, todos sufrimos, los atrapados bajo los escombros, los rescatados, los que esperan, los que ayudan, los que están lejos, los que ya no estarán.

                                                        

 

Duelen los mariachis, el México lindo y querido, duele el himno nacional improvisado, duelen los maniquíes de una tienda de uniformes amontonados en su vitrina intacta,como abrazándose ante el azoro de la tragedia del exterior.

 

Duele la mudanza quirúrgica y polvosa de muebles y objetos íntegros: camas sin dueño y sin sueños, sillones sin descanso, puertas que están a un solo paso del abismo.Espejos sin rostros y en astillas que hieren...

El llegar a casa no es menos lastimoso, el sueño que no llega y mucho menos reconforta; la televisión incisiva, aniquiladora e incesante de imágenes que nos recuerdan lo que no hubiésemos querido ver jamás.

Después llegará lo inevitable, conforme pasen los días, cuando no quede nadie en esas calles ahora repletas, quizá el apoyo se diluya y la normalidad regrese a nuestras vidas. Confío como muchos que esta fusión de cuerpos y mentes no se disperse. Recordar que no estamos solos.

Lo difícil vendrá después. Mientras, tratamos de descifrar lo sucedido, adaptarnos al caos y buscar por cualquier medio la clave para quitarnos este amargo sin razón. Me cuesta respirar, nos cuesta respirar.

 

 


Gabriela Rivera.

Comunicadora. Dejó la danza contemporánea y pasó al tutú político. Convirtió los giros en metáforas. @GRIVERA72

El Andén

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