Ciudad de México 18-10-2017
El INAH discrimina
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El INAH discrimina

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Como tengo pinta de marroquí, en las pirámides de Teotihuacán me acosan los taquilleros. Y es que, en todos los museos y lugares arqueológicos que administra el INAH la entrada es gratuita los domingos, pero ojo, solamente para mexicanos, o sea que los cajeros y personal de acceso deben estar ampliamente capacitados para distinguir a ojo de buen cubero, ya sea por color de piel, acento o apariencia física, quién paga y quién no.

Ese día, lo dedican con pantone en mano a cazar güeros, prietos y cualquiera que tenga color masiosare y no compruebe ser nacional. ¡Otros museos independientes como el de Frida Kahlo están peor! Al gabacho le cobran 220 pesos y a quien demuestre ser mexicano 90 pesos, siendo que fueron los gringos quienes endiosaron a esa pintora de insípido nivel poco más que regular y culpable de perpetuar el estereotipo de las mexicanas bigotonas, pero bueno, ese es otro tema.

 

Las justificaciones de esta medida en taquilla son:

 

1. Que en otros países a los mexicanos nos cobran la entrada a sus museos y lugares arqueológicos.

Sí, es cierto, pero también le cobran a sus nacionales el mismo precio y cuando dan acceso gratuito es para el público general, sin importar nacionalidad. Y si en algunos países sí hacen distinción en taquilla,¿no sería un buen ejemplo dejar de hacerlo aquí? 

 

2. Que los mexicanos tenemos derecho a disfrutar de los legados históricos de nuestros ancestros.

También es válido, aunque casi ningún mexicano pueda precisar con certeza si desciende directamente de aztecas, mayas, huicholes, zapotecas, coras o 100 etcéteras de  culturas que en su tiempo fueron antagónicas y totalmente ajenas entre sí. Tampoco creo que nadie pueda determinar qué porcentaje de sangre europea, árabe, africana u oriental corre por sus venas. Así que puedes tener ancestros aztecas y no pagar entrada a Chichén Itzá aunque para los antiguos mayas fueras un perfecto extranjero, o tener sangre yaki pero haber nacido en East LA, y gracias al general Antonio López de Santa Anna hoy te friegas y pagas tu entrada. O puedes haber nacido en Cracovia y tener FM3 o pasaporte mexicano y quedar exento de pagar. Aunque conociéndonos, seguro hay quien se siente indignado de que lo dejen pasar sin ni siquiera dudar si cobrarle o no, o hasta aceptar pagar antes de corregir el error. 

 

Cobrar entradas es un derecho de estos recintos; de ese dinero se genera su mantenimiento y conservación, pero esa política de cobro dominical, digan lo que digan, bajo cualquier lógica es discriminatoria. 

Lo curioso es que muchos de estos lugares muestran en sus entradas, conforme a la normatividad del INVEA (o del CONAPRED), la leyenda: "En este lugar no se discrimina por motivos de raza, religión, orientación sexual, condición física o socio-económica ni por ningún otro motivo". Pero les faltó agregar: excepto por ser de otra nacionalidad, en cuyo caso, pagará el doble.

 

Imagino sumamente indignante y ofensiva la misma situación en, por ejemplo, los museos de Berlin o de Düseldorff: que detuvieran a los turistas morenitos para cobrarles mientras los güerotes arios pasan gratis. Seguro ya hubiera pegado el grito en el cielo algún activista de derechos humanos tachándolos de nazis. No hay duda, lo que en el débil es virtud, en el poderoso es defecto, pero en nuestro país no sólo ponemos reglas para que las cumplan los bueyes de mi compadre, también pasamos por alto los alcances de la discriminación y este es un tema grave. Por detalles como éste, tal vez insignificantes, nos acostumbramos a ver con normalidad la discriminación, fomentamos el ojo avisor que nota las diferencias con la experiencia de un taquillero del INAH que a leguas distingue a un gabacho y no se va con la finta confundiendo a un chino con un oaxaqueño. 

 

¡Y nos quejamos de la Migra de Trump que detiene a todo aquel que tenga cara de mojado! Pero en México la discriminación racial, a migrantes, a adultos mayores, a personas con capacidades diferentes así como la violencia de género y la homofobia son muy frecuentes entre semejantes de sectores vulnerables; no es exclusiva de las clases acomodadas a los desprotegidos. La única constante, el común denominador para ser discriminador, es la falta de conciencia y de educación. Pero no todo está perdido, hay una luz al final del túnel, hay instituciones comprometidas con crear esa conciencia, como el Conapred, que desarrolla (perdón, voy a hacer copy paste del artículo 4 de la Ley federal para prevenir la discriminación): "acciones para proteger a todos los ciudadanos y las ciudadanas de toda distinción o exclusión basada en el origen étnico o nacional, sexo, edad, discapacidad, condición social o económica, condiciones de salud, embarazo, lengua, religión, opiniones, preferencias sexuales, estado civil o cualquier otra, que impida o anule el reconocimiento o el ejercicio de los derechos y la igualdad real de oportunidades de las personas.


Nomás falta que hagan valer esto en los museos y con el INAH.



Adrián González de Alba

Aficionado a la guitarra flamenca, la política, la cocina y los idiomas. @adriancortes33

El Andén

Etiquetas: Discriminación Pirámides INAH Conapred Frida Kahlo Taquillas Museos