Ciudad de México 15-12-2017
El monero Helguera patea el avispero de González de Alba
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El monero Helguera patea el avispero de González de Alba

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"A @Eponiatowska no le perdonan ser mujer de izquierda y apoyar a AMLO; su principal difamador se suicidó, pero muchos están ansiosos de ocupar su lugar" 

 

Así de ruin y miserable es el tuit que publicó el monero de La Jornada Antonio Helguera. Y aunque en twitter ya se pueden escribir holgadamente 280 caracteres, aventada la piedra al monero no le alcanzaron estos para poner nombre y apellido -Luis González de Alba-, ni para aclarar cuál es el lugar que muchos están ansiosos por ocupar: el de Elenita o el del "difamador".

Difamar, Helguera, es lo que tú haces con tu desafortunado comentario sobre Luis, con la agravante de que a quien tú difamas ya no está para responderte y a quien dudo mucho que te habrías atrevido a increpar en vida sin recibir una paliza con un plumazo. Eso Elena lo sabía bien: se esperó a que muriera para despotricar contra él.

Y sí, Luis se suicidó, un acto cuyas razones comprende sólo quien lo comete; es una canallada pretender juzgar a quien sea por ese motivo. Se puede estar de acuerdo o no con lo que Luis pensaba y escribía, con sus fobias o filias, pero cometes un grave error al utilizar su memoria de esa manera para defender lo indefendible. 

Digamos que estás en tu derecho y que quizá hasta Elena te agradece salir en su defensa, Carmen seguro ya te puso una estrellita en la frente y un bono extra en tu quincena de La Jornada (tan necesario para el Buen Fin) pero, ¿para qué metiste en esto a Luis?  Elena estaba muy tranquila desde que él descansa en paz y justificar la mensada de las juchitecas panzonas iba ser peccata minuta con Luis en la tumba, pero conste que fuiste tú el que vino a patear el avispero.

Francamente, las reacciones ante el comentario de la señora Elena sobre las juchitecas "que por la cerveza están bien panzonas y mensas" son una exageración y un injusto linchamiento mediático; ella ha dicho cosas graves y se las celebran pero ya le tenemos tirria. Me queda claro el contexto de su discurso y su estilo infantil -buscando siempre el lenguaje florido de Jesusa Palancares-, y me queda claro que en esta ocasión fue un descuido no malintencionado, un resbalón imprudente fuera de lugar, pero no es más que un típico "poniatowskazo".

Hay que reconocer que Elena tiene su gracia y una clientela muy particular: son más los incondicionales que la idolatran que sus lectores. En un país que casi no se lee, sólo así se explica su éxito.

Hoy podríamos justificar que es una viejita divertida de más 85 años que a veces ya no sabe lo que dice pero, no es de hoy, ni sólo fue con Luis que tuvo desencuentros de los que siempre sabía salir más o menos bien librada navegando con la bandera de... ingenuidad. El escapismo y la habilidad para darle la vuelta a las cosas, así como su extraordinaria capacidad de ser veleta que navega a donde sople el mejor viento, han sido sus mayores virtudes. 

Pero su postura no da lugar más que a dos sopas: la de inmensamente tonta o la de extraordinariamente hábil para mentir y fingir demencia.

 

Su versión

Días después de la muerte de Luis, en octubre de 2016, la entrevistaron, y pensando que muerto el perro se acabaría la rabia, mintió y acomodó a conveniencia los hechos de la historia descaradamente: se quejó amargamente de que González de Alba la persiguió con una saña espantosa por envidioso.

 

La cito (la entrevista puede leerse aquí):

 

"La noche de Tlatelolco salió en el mismo año que salió su novela, que es muy buena, Los días y los años. Durante mucho tiempo él no protestó nada, pero La noche de Tlatelolco se vendió muchísimo más que su novela."
 
"(...) Luis González de Alba empezó a criticarlo a tal grado que la editorial Era, en esa época Néus Exprésate, decidió quitar, cambiar todo lo que fuera de Luis González de Alba de La noche de Tlatelolco, para que él quedara tranquilo. Pero él no quedó tranquilo y siguió persiguiéndome a lo largo de toda su vida hasta el último momento" 

 

Parece que la señora tiene nublados los recuerdos por un Alzheimer selectivo y olvidó que no fue ella ni su editorial ERA (Néus Exprésate) quienes decidieron retirar de La noche de Tlatelolco todos los testimonios de Luis González de Alba mal citados o sacados de contexto sólo para darle el avión a un latoso y envidioso Luis González de Alba para que se "quedara tranquilo". Hay una gran diferencia entre esa declaración mentirosa que repite cobarde y sistemáticamente en entrevistas, con la esperanza de que de tanto repetirse se haga realidad, y la verdad que evade o convenientemente olvida porque ésta le carcome el orgullo y su enorme ego. Con soberbia, ella se resiste a admitir que no fue su hartazgo ni su buena voluntad, sino la sentencia de un juez que no le dio opción y la obligó a modificar su texto tras perder la demanda que Luis entabló en su contra. Por esa razón su obra La noche de Tlatelolco tuvo que reimprimirse desde 1998 con las correcciones que Luis originalmente le había pedido por la buena y que ella se había rehusado a hacer. ¿Tanto le duele admitir eso? ¿No se le cae la cara de cinismo y vergüenza al usar la infantil justificación de niña consentida al decir que esto era pura envidia "porque su novela se vendía mucho y el testimonio de Luis poco"?

Si de ventas se trataba, al ganar la demanda Luis pudo haberle exigido una indemnización económica, pero ni un peso le pidió. Luis murió pero las pruebas no, aún existen (por si gustas).

La única obsesión de Luis González de Alba se llamaba la verdad. Nada más que la verdad.

Elena Poniatowska está mal pero los que le creen están peor. 

 

Ahora, efectivamente es importante aclarar que no fue una demanda por plagio, sino por alteración de contenido (de errores que iban de menores hasta garrafales y sumaban más de 50). También es importante entender el contexto: el Luis de Lecumberri era un chamaco desconocido y preso sin fecha para salir en libertad.  Elena en ese entonces una periodista más o menos conocida y ya con ciertos años de trayectoria. Tras ofrecerle a Luis ayuda para publicar su crónica (entonces aún sin nombre), también le pidió autorización para tomar parte de ella para La noche de Tlatelolco. Luis con gusto se la dio, hasta se sintió halagado. Internet no existía y había que aprovechar todos los canales de difusión para que se supiera lo que había sucedido, ¡qué mejor que otro libro que reforzara la historia para la posteridad! Se trataba de una obra testimonial con hechos históricos que había que plasmar con estricto apego a la verdad, no de una comedia a la que le puedes añadir de tu cosecha y estilo o traducirlo al cursi poniatowsko.

 

El hermano y la incongruencia de Elena

Otro tema que le causa escozor a la señora Elena es el de su hermano Jan Poniatowski. Aquí me atrevo a incluirme entre los confundidos por la dedicatoria en La Noche de Tlatelolco: "A Jan (1947-1968)".

Desde la primera vez que vi ese libro, siendo un niño, me sentí profundamente consternado creyendo que Jan era una de las víctimas de la matanza de la Plaza de las tres culturas ese fatídico 2 de octubre de 1968. Mucha gente se ha ido con la finta, pero también para mucha gente, tal vez, es un gesto irrelevante pues ¡qué más da! Además uno le dedica lo que quiera a quien se le dé su gana. Pero en este caso ese inofensivo e ingenuo detalle es la pauta que marca la diferencia entre narrar una crónica como protagonista o narrarla como espectador. 

No es lo mismo si eres periodista y te mataron un hermano, y de la rabia e impotencia escribes un libro documentando los hechos, que si eres un periodista de sociales, se presenta un evento coyuntural en el que hay muertos y vas como Mafafa Musguito con tu grabadora a entrevistar a los protagonistas, coincide que muere tu hermano y le dedicas tu documento sin más referencia que el mismo año emblemático, 1968. Dejar abierta esa ambigüedad es falta de pulcritud editorial. 

Hasta el mismo Luis durante años creyó que el único muerto cercano en la matanza de Tlatelolco era el hermano de Elena, hasta que un día entre "murmuros retóricos" Monsiváis le contó que Jan había muerto en el 68 pero en un accidente automovilístico en diciembre de ese año, el día 8 para ser precisos. Después Luis conoció más detalles de la historia por un joven XL, amigo de Jan...

Doña Elena reclama dolida que Luis en su último artículo en Milenio (Podemos adivinar el futuro) divulga que su hermano Jan había tenido encuentros homosexuales con otro joven. No justifico la indiscreción de Luis al respecto y en su momento me pareció innecesaria, pero al ver la negación de Elena entendí que fue la última provocación de Luis para escandalizarla y dejar en evidencia su incongruencia y doble moral. Días después, ella cayó redondita con la siguiente declaración:

"Es doloroso para cualquier ser humano, sobre todo porque él habla de mi hermano, Jan, de 21 años, a quien nunca conoció, ni nunca vio. El mismo fue homosexual, lo acusa de homosexualismo. ¿Cómo? Cuando mi hermano iba al lado de su novia; tuvo varias novias, era un muchacho guapísimo, ahorita les enseño su fotografía. Acusar a mi hermano de lo que él mismo era, resulta una incongruencia y es simplemente con el afán de hacerme daño." 

 

No, no es error ni invento mío, así sin pies ni cabeza lo dijo Elena literalmente en esa entrevista: Que Luis acusó a su hermano de homosexualismo... A ver si tú Helguera le puedes explicar a la premio Cervantes: 

1.- Que se acusa a alguien de una falta o un delito. 

2.- Que existen palabras que terminan con el sufijo -ismo que se emplea para formar sustantivos abstractos que se refieren a un tipo de teoría, doctrina, sistema o tendencia; como cubismo, impresionismo, socialismo, populismo,  la homosexualidad no es ninguna de estas cosas y ciertamente decir homosexualismo tiene una connotación peyorativa. Es muy inquietante que una intelectual de su talla no sepa llamar a las cosas por  su nombre. 

3.- Que ser "guapísimo" y haber tenido varias novias no anula la posibilidad de ser gay (como si para ser gay fuera requisito ser feo) y sí: enseñó la fotografía del guapísimo joven, muy varonil él con su perrito salchicha.

4.- Que lo que realmente "resulta una incongruencia" es que ella pretenda definirse mujer de izquierda y se ofenda si hablan de la homosexualidad de un familiar, y sienta que "simplemente es con el afán de hacerle daño"

Pregunta: si Luis hubiera acusado a su hermano de playboy y contado cómo se cogió a todas las chicas de su clase ¿también hubiera sido con afán de hacerle daño? 

 

Tal vez también le puedas explicar que realmente se ve muy mal que deje en evidencia su homofobia y quiera tapar el sol con un dedo: - Soy liberal, progre, de izquierda y defiendo minorías y desprotegidos. Pero no, en mi casa no, mi hermano no, en mi familia no hay de eso. 

 

Ese doble estándar es el que no se les perdona, Helguera, no por ser mujeres ni hombres, ni bugas ni gays, ni de izquierda ni de derecha, sino por ser falsos, torpes e incongruentes con los valores que ostentan.

 


Adrián González de Alba

Aficionado a la guitarra flamenca, la política, la cocina y los idiomas. @AdrianGdeA

El Andén

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