Ciudad de México 20-01-2018
Gane o pierda el Peje, qué chinga
Ideas

Gane o pierda el Peje, qué chinga

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El triunfo inminente de López Obrador en las próximas elecciones me tenía con el alma en un hilo, pero su posible nueva derrota me tiene aún más preocupado.  Gane o pierda, el panorama es desolador. Si gana, la satisfacción de decir "se los dije" a todos los que en él vieron un salvador va ser el gusto más costoso que hayamos pagado en nuestras vidas, porque su gobierno es otro albur: puede convertirse en un dictador o en chivo en una cristalería. Pero si pierde va a ser otra desgracia. Seis años más de encono y rabia social insoportables: más Morena y más Peje que nunca metiéndole zancadilla al espurio en turno. Bien sabemos que perder no está entre sus infinitas virtudes y esa película ya la hemos visto: un López Obrador encolerizado, desestimando el proceso electoral y a todas las instituciones: al INE, al TRIFE, hasta los representantes de casilla de su propio partido resultarán ser esquiroles.

Volverá a acusar de fraude y que otra vez le robaron la presidencia o que el pueblo bueno se volvió malo malbaratando su voto por una despensa, un pollo o una tarjeta Monex.

La Gente, a la que pensaba consultar para todas las decisiones importantes de su gobierno habrá perdido el buen juicio, sus solovinos votarán por los espurios pero no por convicción sino confundidos y enajenados por los "jingles" de los spots que rebasaron los topes de campaña.

Hordas de anarco-vándalos "infiltrados" marcharán destrozando media ciudad, tal vez no por encargo de AMLO, pero sí envenenados con sus discursos de odio contra ese efímero y abstracto, y por lo mismo tan exitoso ente, llamado "la mafia del poder".

Se van a repetir los plantones en Paseo de la Reforma que desquiciaron la CDMX y costaron millones en pérdidas.

Pero todo eso es lo de menos, duraría quizás meses, lo peor es que durante el sexenio entero vamos a tener un país dividido entre buenos y malos con odios que pueden rebasar la inofensiva línea de las redes sociales. Todo sembrado y azuzado por un solo hombre.

 

Pero intento creer que estaríamos mejor con López Obrador

La verdad es complicado decidir qué escenario es "el menos peor". Para sacarnos la espinita de ver si de veras Andrés Manuel, como ronca duerme, en un acto de absoluta fe Guadalupana (que por más evidencia de su invención ahí sigue uno yendo a pedir milagros y seguimos jodidos) he pensado doblar las manitas y darle el beneficio de la duda a López Obrador. ¡Total!, como dice la frase matadora de los morenistas cuando se les acaban los argumentos: "¡Pues que nos roben pero ya no los mismos de siempre!" Y pensándolo bien ¿qué tan peligroso puede ser un viejito disfrazado de chamán con guayabera echeverrista nadando en collares de cempasúchil que persigue palomas y libera tortuguitas en el mar?

Un hombre que dice luchar por valores y que, según sus adeptos, es el más honesto e inteligente del país, que se ha rodeado de los más honestos y eficaces políticos que existen (que seguro ya vienen en camino en una cápsula espacial de otro planeta), para conformar su gabinete y los mejores asesores para diseñar los planes más ambiciosos y hacer de México un mejor país, con menos desigualdad y más justicia, sin violencia ni corrupción. Una república amorosa pues, donde con el simple llamado a un pacto por la honestidad con flautita de Hammelin, la gente va preferir ser buena y los huachicoleros van dejar de ordeñar ductos de Pemex, porque el presidente va ser honesto y automáticamente gobernadores y presidentes municipales serán honestos, porque como en el paraíso terrenal, no van a tener necesidad de robar. Sólo habrá que estirar la mano y tomar los frutos de la abundancia.

Trato de olvidar sus berrinches del pasado, su ideología echeverrista y sus propuestas simplistas de extraer petróleo más fácil que de un pozo de agua; su rebelión en la granja, su máxima en economía de acabar con las pensiones millonarias a ex presidentes y vender el nuevo avión presidencial -ese que no tiene ni Obama- como fórmula mágica para solucionar la economía del país. Trato de creer que estaríamos mejor con López Obrador.

 

 

Y entonces, el Peje abre la boca

Mientras pienso todo lo anterior y suenan trinos de aves y coros celestiales, el Peje abre la boca de nuevo y con un rechinido de disco rayado me azota la cabeza contra la realidad.

 

"Vamos a explorar todas las posibilidades, desde decretar una amnistía, escuchando a las víctimas, hasta exigir al Gobierno de Estados Unidos que lleve a cabo campañas para aminorar el consumo [de drogas]"

 

¿Dónde estaban Ackerman o Jalife para darle un sape y meterle en la boca un calcetín?  O para explicarle que la aberración de su ocurrencia es completamente inconstitucional y pondría en jaque al sistema judicial del país.

 

Hay que admitir que ha sido cómico ver a sus defensores haciendo malabares en el intento de componerle a "lo que quiso decir". Me recordaron a aquel vocero, Rubén Aguilar, que salía a limpiar el marranero que dejaba Fox cada vez que abría la boca.

 

¡Pero no nos hagamos! AMLO no se anda con eufemismos, él mismo se reprocha que siempre dice lo que piensa y aunque parezca que no siempre piensa lo que dice este asunto va mucho más allá de un simple resbalón.

 

¿O los que pensamos que sólo fue un resbalón pecamos de ingenuos y realmente no vemos el perverso trasfondo de su mensaje? Porque esto tiene varias lecturas.

 

La primera imagen se asocia con sus actos bautismales de perdón, pero no es lo mismo expiar los pecados políticos de la basura que desechan otros partidos y con brazos abiertos recibe Morena, a absolver los delitos de los ardillos, los rojos o los guerreros unidos que tienen las manos llenas de sangre.

 

No olvidemos que Morena ya tuvo candidatos como Lázaro Mazón, que era de conocimiento de todos (menos de Andrés Manuel) que tenía vínculos con el crimen organizado y que apadrinó a los narcopresidentes municipales de Iguala, Guerrero, los Abarca, autores intelectuales de la matanza de los 43 normalistas de Ayotzinapa. Sí, justamente en el mismo estado donde fue a ofrecer amnistías.

 

Los capos, muertos de risa

De cualquier manera celebro que AMLO proponga una estrategia distinta contra el narco. Tiene razón cuando dice que la violencia no se combate con más violencia. Tiene razón, se combate con inteligencia, pero su propuesta no lo es. Sería más inteligente definir primero una postura clara sobre la legalización de las drogas, otro tema al que siempre le da la vuelta.

 

Si su ridícula amnistía no tenía tintes electoreros la verdad es que tiene a los capos muertos de risa. Si AMLO cree que sólo estaban esperando que apareciera un redentor para entregar las armas y renunciar al negocio multimillonario de las drogas para unirse al bien, está equivocado. Mientras éstas sigan siendo ilegales, serán causa de violencia por el control de tan lucrativo negocio. Además, antes de referirse a una amnistía no sé si está tomando en cuenta que los narcos no se dedican únicamente a "los delitos contra la salud".  Sí es injusto meter 20 años en la cárcel a alguien por una actividad delictiva que será una actividad empresarial mañana. Pero el crimen organizado no sólo vende droga, va acompañado de asesinatos, secuestros, extorsiones y otros crímenes que no tienen perdón.

 

La verdad es que lo más probable es que esto sólo sea una incongruencia más en su haber, pues ni siquiera en los temas concretos que lo definirían como un político de izquierda ha adoptado una postura clara como justamente este, el de la despenalización de las drogas, pero tampoco le gusta hablar sobre el aborto, feminismo, el matrimonio igualitario o la adopción por parejas homosexuales. Sobre estos cuestionamientos nunca se define y esquiva las respuestas diciendo que se va a consultar a La Gente (pero no dice que sólo a la gente que piensa como él), como hacía en sus épocas de jefe de gobierno encuestando a La Gente si quería que subiera el costo del boleto del metro. Sorprendentemente La Gente decidía que no, (mejor hubiera hecho el referéndum a ver si lo queríamos gratis).

Cualquiera pensaría que le teme a fijar su postura en estos temas y quizás perder millones de votos. Pero la cosa no va por ahí: se atreve a declarar cosas peores y no pasa nada. Sus bases de lealtad están con él incondicionalmente, diga lo que diga o haga lo que haga (igualito a Trump cuando en campaña decía que podía matar a alguien en Central Park o violar una mujer y no perder un solo voto). A ellos les puede decir que idolatra al Che Guevara, que no tiene propiedades ni chequera, que su historia de vida se compara con la de Jesucristo o llamarlos solovinos sin que se ofendan, pero ojo, con sus incondicionales no le alcanza para ganar las elecciones. El voto de los indecisos y de los apartidistas no lo va a obtener con una campaña aburrida llena de improperios y descalificaciones a los adversarios vociferando como el merolico del aceite de caguama con la cantaleta de que la Mafia del poder le tiene miedo.

 

Subir la calidad de su discurso con propuestas viables y realistas, bajarle al odio, a la soberbia y a las ocurrencias sería una buena fórmula. Faltan siete tortuosos meses para la elección, pero si AMLO quiere ganar y ahorrarnos el otro escenario calamitoso de su derrota lo más recomendable es que controle sus impulsos autodestructivos y recuerde el refrán: el pez por la boca muere.

 

Cierro con una reflexión de Arturo Pérez Reverte que me hace preguntarme con preocupación si es que México está a 80 años de distancia de esa España de 1936:

 

"¿Tenemos los gobernantes que nos merecemos? - Los votamos, los votamos... Cuando en el 36 unos campesinos analfabetos queman vivos al alcalde y al cura, pues puedo entenderlo; no justificarlo, ojo, pero sí entenderlo por la incultura, la manipulación y la desesperación de esa gente... Pero esa crueldad entre comillas inocente de hace un siglo ahora es injustificable. Ahora nadie es inocente, ahora hay educación obligatoria, hay televisión, hay internet, hay periódicos. Ahora el que es analfabeto, real o figurado, es porque quiere. El que se deja manipular es porque le resulta más cómodo que le manipulen. Eso del gobernante malo y el súbdito bueno no me lo creo. Eso de qué buen vasallo sería si tuviera buen señor es una gran mentira. Los señores los creamos los vasallos, y son los esclavos los que hacen a los amos."

 


Adrián González de Alba

Aficionado a la guitarra flamenca, la política, la cocina y los idiomas. @AdrianGdeA

El Andén

Etiquetas: CDMX Elecciones 2018 Andrés Manuel López Obrador Morena