Ciudad de México 25-09-2017
Hechos alternativos y el Partido Racional
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Hechos alternativos y el Partido Racional

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En una escena que habría hecho felices a postmodernistas y relativistas culturales, Kellyanne Conway, exjefa de campaña de Trump, transformó una mentira en un "hecho alternativo". El secretario de prensa, Sean Spicer, había asegurado que una multitud sin precedentes en la historia de aquel país había asistido a la toma de posesión de Trump, en patente contradicción con las fotografías de la ceremonia de Barack Obama. Conway defendió al secretario de prensa postulando una teoría del conocimiento que nos reconcilia con la falsedad: hay hechos alternativos que embonan con universos paralelos.

Es pertinente recordar que esta acepción del término "alternativo" fue concebida en 1974 para referirse a la "medicina alternativa", es decir, una forma de medicina no ortodoxa o cuyo método de curación no había sido comprobado científicamente. Como una forma, según Alan Levinovitz ha anotado (tomo el dato de Katy Waldman), de hacer "colapsar la epistemología", de desestabilizar los cimientos del conocimiento. Hay que recordar que en esa década revolucionaria los jóvenes estaban convencidos de que "la racionalidad era la cortina de humo de los poderosos", en palabras del poeta Stephen Dunn.

Pues bien, muchos de quienes ahora hacen sorna del despropósito del equipo de Trump incurrieron en la misma táctica heurística en 2006. Ese año Andrés Manuel López Obrador echó mano de un hecho alternativo cuando afirmó que un millón y medio de personas había acudido a la manifestación que convocó para reclamar el fraude electoral del que afirmaba había sido víctima (otro hecho alternativo). No es casualidad que los dos demagogos, Trump y AMLO, hayan usado la misma cifra de asistentes: 1.5 millones. Aunque, a decir verdad, el hecho alternativo de AMLO fue más desproporcionado, porque a su manifestación se calcula asistieron 350 mil personas, mientras que a la toma de posesión de Trump 500 mil. Es decir, la hipérbole de AMLO fue más alternativa que la de Trump. La mentira admite grados.


El dogmatismo hace de la razón una ramera, como apuntó Martín Lutero. Hace algunos años, a propósito del rescate de los mineros chilenos, una académica y activista de Guadalajara posteó en Facebook una crítica feroz contra Fox por no haber puesto la misma diligencia para salvar a los trabajadores de la mina Pasta de Conchos en la tragedia de 2007. En los comentarios a su publicación un ingeniero de minas le explicó la razón técnica: la alta explosividad de las minas de carbón hace casi suicida intentar un rescate, a diferencia de lo que ocurre en las de cobre. Para mi sorpresa, la activista refutó al ingeniero con malabares dignos de Conway: "Será como dices, pero en el imaginario social Fox es culpable". En el pensamiento irrefutable de la activista el "imaginario social" es una comarca fértil de hechos alternativos. Una región en la que la opinión y el prejuicio es más importante que la evidencia.

La falta de respeto por la evidencia y la razón es un rasgo bastante común en el discurso radical tanto de izquierda como de derecha. Por eso algunos han postulado un nuevo centro político que defienda la objetividad, el secularismo, la ciencia y la libre expresión de los ataques del pensamiento doctrinario y dogmático. Para este centro político nada sería más sagrado que los hechos y la disposición a ser persuadido por ellos.

La disposición a ser persuadido, a cambiar de opinión, es indispensable para fortalecer el discurso público racional. Es fundamental tener el valor de dudar de las convicciones propias, de confiar en nuestra razón como catadora de argumentos y valoradora de pruebas. La honestidad intelectual supone que nuestras creencias son verdaderas mientras no encontremos otras mejores, y que debemos estar abiertos siempre a ese ejercicio de refutación. El esfuerzo que requiere esta postura abierta y crítica no es poca cosa. Nuestra mente tiende naturalmente a la credulidad. La duda, el escepticismo, la crítica, nacen de un esfuerzo adicional y posterior del entendimiento.

Los demagogos saben que una mentira repetida muchas veces adquiere la categoría de verdad irrefutable. Demagogos como Trump y AMLO buscan hacernos creer que nuestro mundo se cae a pedazos, y que sólo ellos, no las instituciones, pueden salvarlo. Pero su diagnóstico es equivocado, y más aún el remedio que proponen. Para defenderse de hechos alternativos y tácticas demagógicas no hay como la razón crítica, los datos y una mente sin prejuicios. Ese podría ser el corolario de los episodios de hechos alternativos.


Alberto García Ruvalcaba

Twitter: @albertoplazola

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Etiquetas: Columnas Ideas Opinión AMLO Trump