Ciudad de México 25-09-2017
La censura de los narcocorridos o el miedo a la rebeldía
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La censura de los narcocorridos o el miedo a la rebeldía

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A propósito del delegado en Tláhuac Rigoberto Salgado y sus presuntos nexos con el crimen organizado, este martes desde la tribuna de la Asamblea Legislativa el diputado del PRD, Raúl Flores, presentó un punto de acuerdo para que el gobierno central y las autoridades de las 16 delegaciones de la Ciudad de México, eviten contratar a interpretes de narcocorridos para amenizar eventos públicos y fiestas como la del 15 de septiembre.

El diputado Flores fue muy cuidadoso y evitó proponer explícitamente la censura total de este género musical, previendo como ya ha sucedido, por ejemplo en Sinaloa, que se desate un debate jurídico respecto a la libertad de expresión y sus límites.

Sin embargo por más que queramos barnizar nuestras verdaderas intenciones, en algún momento, un pequeño ademán, una palabra o un gesto pueden develar nuestra verdadera visión del mundo.

Así, mientras el perredista pretendía asumir una posición políticamente correcta y limitarse a censurar los narcocorridos por su apología de la violencia, su exaltación de una falsa vida épica o la cosificación de las mujeres, en realidad lo que hizo fue dar una lección -que nadie le pidió- de lo que es o no arte y de la ilegitimidad de ciertas expresiones culturales.

En algún momento de su intervención, mientras hacía una descripción del narcocorrido dijo: "Esté fenómeno musical, musical entre comillas, se sirve de los símbolos del poder y la riqueza obtenidos de manera casi instantánea, promoviendo el falso referente del éxito social y económico."

Su énfasis en "musical entre comillas" es revelador. El diputado ya no critica solamente el discurso de los narcocorridos sino que pone en duda su musicalidad misma, es decir, su condición como expresión artística. ¿Quién determina qué un narcocorrido es música o no? El cuestionamiento para nada es ingenuo y responder a la pregunta no depende del análisis que pudiera hacer un especialista en teoría musical o un experto en acústica.Es un asunto de poder.

La censura que muchos políticos han impuesto o pretender imponer a la difusión de ciertos géneros musicales o manifestaciones religiosas como la devoción a la Santa Muerte, esconde algo más que la simple protección de los gobernados expuestos a mensajes antisociales. La contención por la fuerza de los narcocorridos esconde, lo que Antonio Gramsci definió como hegemonía cultural, es decir a lucha por obtener el consenso entre los subordinados alrededor de los intereses del grupo político dominante.

Si el combate al crimen organizado supone la más violenta de las expresiones de la lucha por el poder político y económico, no es difícil imaginar que el conflicto también se desarrolle a través de expresiones culturales y que se pueden observar en la denominada narcocultura.

Cabe detenerse y pensar un poco en la popularidad y la masiva aceptación que la narcocultura y en específico los narcocorridos (atravesados también por la lógica de la industria del entretenimiento) tiene entre la población de adolescentes y jóvenes de territorios urbanos o en proceso de urbanización, marginados y desplazados del acceso a servicios, mercancías y oportunidades que sí tienen sus pares de otras clases sociales.

Aquí presento un cuestionamiento muy común entre antropólogos y sociólogos que le han entrado al tema:

¿El narcocorrido contiene una expresión de inconformidad y es la manifestación de rebeldía de estos millones de jóvenes excluidos?

Otro punto es si los narcocorridos son en realidad el vehículo de antivalores  o solo son la cara de una misma moneda, el reflejo de aspiraciones socialmente reconocidas y presentes en una lógica que pretende ser universal, que alienta de manera exacerbada el individualismo, la competencia, el éxito y el liderazgo, valores presentes también en discursos plenamente legitimados por los gobiernos y los dueños del capital, como el emprendedurismo.

 

Nota: Esta opinión no es una apología del narco ni su narcocultura. En los últimos años miles de hombres y mujeres jóvenes han sido asesinados en México en el contexto de una guerra que no es otra cosa que el reflejo más oscuro y siniestro del capitalismo contemporáneo. 


Saúl Rivera

Politologuea, analiza la vida chilanga y jura que juega a las trais con su hijo de año y medio. @saulrjz

El Andén

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