Ciudad de México 25-09-2017
La importancia de la Comisión de Derechos Humanos para la CDMX
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La importancia de la Comisión de Derechos Humanos para la CDMX

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Por Mario Alfredo Hernández *


El próximo 31 de octubre termina el primero de los dos períodos consecutivos posibles de Perla Gómez Gallardo al frente de la todavía denominada Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal (CDHDF). Al momento, organizaciones civiles reconocidas se han pronunciado en contra de dar continuidad a la gestión de una institución que -más allá de interpretaciones partidistas- ha dejado de ser un referente frente a la ciudadanía, las instancias internacionales y los medios de comunicación en materia de defensa de los derechos. Sin duda, la discusión sobre el perfil de la o el nuevo titular de la CDHDF empezará a tener cada vez mas protagonismo en la opinión pública. No obstante, para comprender la importancia superlativa de esta institución en una ciudad como la nuestra, habría que hacer un poco de historia.

A principios del siglo XIX, la Constitución de Suecia incluyó el término Ombudsman para referirse a la autoridad designada por el poder legislativo que, mediando entre el gobierno y la ciudadanía, tenía como mandato facilitar la resolución de aquéllos casos de la administración que la inercia había mantenido pendientes. Es decir, que el Ombudsmansueco, literalmente el defensor delciudadano, se constituyó como la figura en una sociedad con altos índices de bienestar, a la que se acudía cuando, en su actuación cotidiana, alguna rama del gobierno dejaba de cumplir con sus funciones regulares -pavimentar una calle, colocar iluminación en espacios públicos o interactuar de manera ética con la ciudadanía. A partir entonces, muchos países replicaron esta institución, adaptándola a sus contextos. En América Latina, región definida por la represión, la corrupción y la impunidad, la figura del Ombudsman se convirtió en la del defensor del pueblo, frente al autoritarismo que le arrebataba su soberanía y que vulneraba sistemáticamente los derechos, ya sea por acción u omisión.

En 1992, a través de una reforma constitucional, se crea en México la Comisión Nacional de los Derechos Humanos y al año siguiente, por decreto presidencial, la CDHDF, con el propósito específico de conocer, tematizar y establecer medidas de reparación y garantías de no repetición a propósito de las violaciones a derechos humanos. Para 2013, al final de la gestión de Luis González Placencia y dando continuidad a un proceso iniciado por Emilio Álvarez Icaza, la Comisión se articulaba por las siguientes visitadurías, constituidas a partir de núcleos especializados: la primera se ocupa del sistema de justicia, con especial énfasis en las violaciones graves como la tortura o la desaparición forzada que siguen siendo práctica común; la segunda, de las violaciones que ocurren en el sistema penitenciario; la tercera, de las que suceden en la competencia de los órganos del gobierno capitalino, como las delegaciones; la cuarta, las que afectan a los grupos social e históricamente vulnerados por la discriminación, mientras que la quinta visitaduría fue creada para conocer las violaciones a los derechos laborales. Como puede apreciarse, la vocación de la CDHDF está muy lejos de tratar con los temas administrativos que ocupaban a la institución sueca que es su antecedente. Por decirlo de alguna manera, la tropicalización de la institución del Ombudsman sueco implicó arrancarla de la regularidad democrática del primer mundo, para situarla entre las patologías, la miseria moral que define a la clase política y las deudas de justicia que asolan a nuestras sociedades tercermundistas.

Frente a la opinión en el sentido de que los derechos humanos solo protegen a los delincuentes o ante las acusaciones de que la institución debilita la soberanía estatal, hay que señalar que el Ombudsman no es neutral ni debe serlo. De hecho, lo que le distingue es hacer recaer la carga de la prueba en la autoridad, es decir, tomando partido y dando acompañamiento a la ciudadanía, para obligar a que aquélla demuestre que no violó el derecho reclamado. En este sentido, González Placencia señaló en un artículo mas o menos reciente que está en la genética del Ombudsman situarse siempre del lado de la víctima, desde una mirada especializada que le distingue de la de los mecanismos jurisdiccionales tradicionales, conduciendo una investigación imparcial y autónoma para determinar las responsabilidades por el daño y, así, garantizarles la mayor cobertura para recuperar -en la medida de lo posible- la integridad y estabilidad previas a la violación del derecho.**

Necesitamos, entonces, para la Ciudad de México, una Comisión de Derechos Humanos que cumpla con esta vocación de acompañamiento y cercanía a las víctimas, y que, al mismo tiempo, pueda plantar cara al poder, sin concesiones, para exigir rendición de cuentas y transparencia; demandamos una institución cuyos integrantes sean técnicamente solventes en lo que se refiere al conocimiento de los estándares mas altos para la defensa de los derechos humanos, y cuya conducta sea ética, eficiente y lejana de la mera acción burocrática de tramitar, concluir y archivar quejas; requerimos, en última instancia, de una defensoría del pueblo que articule los esfuerzos civiles, públicos, académicos e, incluso, internacionales para proteger los derechos de quienes viven y transitan por la Ciudad de México y que, simultáneamente, sea percibida por la ciudadanía como confiable y cercana. Desde mi punto de vista,ésta fue la Comisión que teníamos en la Ciudad de México hasta antes de la llegada de Perla Gómez Gallardo. Por ello, las y los ciudadanos, tenemos que estar muy atentos, en primera instancia, para exigir a las y los diputados el relevo en la dirección de la CDHDF; y, en segundo lugar, para que el perfil que elijan después sea el adecuado. Se trata no de una tarea burocrática entre otras la que desarrolla la institución del Ombudsman, sino de un reto mayúsculo cuyo cumplimiento o no compromete el conjunto de la vida democrática en la Ciudad de México.


* Agradezco a Cristina Hernández López sus comentarios críticos y aportaciones a este texto.

** Cfr. Luis González Placencia, "La genética del Ombudsman", en Este País, 1 de octubre de 2012. Disponible en: http://archivo.estepais.com/site/2012/la-genetica-del-ombudsman/. Fecha de consulta: 4 de septiembre de 2017.


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