Ciudad de México 27-06-2017
La política está podrida y desvirtuada
Ideas

La política está podrida y desvirtuada

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Cuando escuché que el PRI gastó entre dinero legal (e ilegal) en la campaña del PRIMazo (el del copete pero blanco) para la gubernatura del Edo de México alrededor de 12 mil millones de pesos, no me pregunté de dónde salía ese dato, sino  que me pregunté ¿pos no que la política es el quehacer ordenado para servir al bien común? ¿Gobernar no era una virtud de servir al prójimo y a la sociedad en su conjunto? ¿Acaso no son virtudes de un político o de un gobernante el amor a la patria y a la sociedad que lo eligió por su vocación "desinteresada" de servicio? Si gobernar para servir al pueblo es sólo eso: vocación de servir al prójimo administrando los bienes del estado ¿por qué se vuelve más reñida que una pelea de perros?


Por qué nunca sucede que un candidato al escuchar las extraordinarias y maravillosas propuestas y promesas del otro candidato se detenga y diga: "¡Wow! ¡Tiene razón! ¡Sus propuestas son mucho mejores que las mías y significarían un mayor bienestar para la misma sociedad de la que él y yo y todos formamos parte!"


En qué momento las elecciones se convirtieron en una suerte de licitación para elegir un ganador para hacer el gran negocio de su vida sin invertir ningún activo, ningún bien tangible, ningún producto más que su imagen impostada con peinado de salón, finas corbatas y dientes de mazorca de circonia.


Un personaje que se arropa con los colores de un distintivo partidario como si fuera de la barra brava de un equipo de futbol que ama los colores de su camiseta y por razones igual de estúpidas odia los colores contrarios y es capaz de luchar muchas veces hasta la muerte para conseguir el triunfo y levantar la mano diciendo GANAMOS!!


En qué momento se volvieron los elegidos en esa clase privilegiada de zánganos que hacen el mejor negocio del mundo pues en la cadena productiva no producen nada, en la generación de riqueza generan lo contrario -pobreza y desigualdad-, y que con nuestro propio dinero nos limosnean con una despensa, un tinaco. Con una tarjeta de la indignidad compran nuestros votos para que después ellos ya sentados en la silla paguen los favores a los empresarios o grupos de poder que los financiaron.


En la clase trabajadora son los que menos trabajan y ganan el equivalente al salario de 200 obreros que se parten el lomo de sol a sol, con la excusa de que al estar tan bien pagados no tendrán tentaciones de robar los recursos de la sociedad que administran. Lo podrido es que nos roban por ambos lados: no desquitan sus salarios y encima se roban miles de veces el equivalente a sus ya de por sí jugosos sueldos.


¿Por qué hay particulares dispuestos a invertir su dinero en la campaña de un político? ¿Puro altruismo? ¿Puras ganas de ayudar desinteresadamente a un hombre honesto con vocación de servicio? ¡Claro que no! Todos lo sabemos, lo hacen porque es un gran negocio, si eres fabricante o proveedor de algún servicio y apoyaste la causa con unos centavitos en la campaña sabes que si triunfa tu compadre candidato va dejar unos buenos "pesotes" en contratos muchas veces por asignación directa saltándote las engorrosas licitaciones y vas a recuperar esos centavos y más.


Pues por eso la política está podrida. Desde que los griegos la concibieron es el juego de quítate tú pa ponerme yo a repartir la baraja. Tendremos que encontrar nuevas formas de gobernarnos reduciendo el factor dinero de la ecuación para no atraer a tahúres profesionales al oficio si queremos que nuestras sociedades subsistan en el futuro siendo más equitativas y democráticas.


Adrián González de Alba

Aficionado a la guitarra flamenca, la política, la cocina y los idiomas.

El Andén

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