Ciudad de México 20-01-2018
Política a trancazos
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Política a trancazos

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¿Les llama la atención que haya sillazos en las precampañas? La política es el espacio natural del disenso. Cuando se hace política hay ideas distintas, objetivos que se contraponen y espacios de poder que se disputan. Siempre.

Por eso, lo normal es que los ánimos se calienten, la gente se grite y los insultos vuelen. Al calor de esto, los seres humanos han peleado guerras, matado familiares propios y destruido ciudades, entre otras lindas cosas que sirvieron para imponer ideas, alcanzar objetivos y mantener o conseguir espacios de poder.

Pero lo maravilloso del ser humano es que así como mata, construye, y aprendió a evitar los sillazos. Como la lógica de la política eran los trancazos y estos salían al final muy costosos para todos, se inventaron muchos métodos para canalizar el conflicto. Rotación de autoridades, métodos aleatorios, registro ordenado de propuestas diversas, venta de espacios al mejor postor, decisión por el método de la mayoría, partidos políticos, sistemas electorales, tribunales de todo tipo.

La política sigue siendo una actividad caliente, pero los mexicanos no son integrantes de una tribu cazadora en el paleolítico que no tiene más remedio que sacarle sangre al de enfrente. Hoy pueden opinar en un partido político o en el otro, afiliarse a uno para defender el matrimonio gay o a otro para impedir el libre mercado energético. Pueden renunciar si no les gusta cómo se eligen candidatos, promover ideas  en una esquina y, si les ganan esa, en la de enfrente. Pueden, si quieren, chiflarle a López Obrador, a Meade o a Anaya o mejor aún, hacerles memes.

¿Quién tiene la culpa de que se peleen por unos metros cuadrados, se golpeen para impedir que alguien hable o se avienten sillas para disolver una reunión? ¿Los provocadores, los ciudadanos críticos, los militantes-soldados, los metiches de otros partidos que no quieren mitines ajenos?

No. La responsabilidad primera es de los precandidatos, candidatos, aspirantes, líderes, caciques o mesías que piden encender antorchas para quemar al monstruo que piensa diferente.  Ellos han inoculado el virus del concepto enemigo mortal en lugar de la idea del adversario ideológico y lo han hecho desde el PRD, Morena y el PRI. Ninguno se salva.

Los dirigentes partidistas tienen una enorme responsabilidad en el horrible retroceso de la política. Es caliente, sí; habrá gritos, sí; pero no es difícil hacerla sin trancazos. Basta con jugar el juego con sus reglas y aceptar que se puede perder.  


Ivabelle Arroyo

Directora de El Andén. Lee en bicicleta, escribe con un cucharón de cocina y le intrigan los rufianes. @ivabelle_a

El Andén

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