Ciudad de México 24-09-2017
Vibra México y el fracaso de la unidad nacional
Ideas

Vibra México y el fracaso de la unidad nacional

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Las posiciones encontradas en torno a la marcha Vibra México reflejan una polarización social, que lejos de representar la pluralidad de ideas que presumieron sus organizadores, evidencia más bien un debate en el vacío.

Esa zona infranqueable no es otra cosa que la ausencia de metas en común o si lo prefieren, un proyecto nacional que sirva como marco de referencia para la discusión de las posiciones antagónicas. El objetivo de esbozar este tipo de márgenes no significa caminar por una ruta unidireccional sino perfilar un destino más o menos identificable por todos, inalcanzable tal vez pero que oriente las deliberaciones y las acciones de orden político.

Esta especie de orfandad social que vive el país comenzó a cimentarse hace ya casi 40 años con la liberalización del régimen. La tecnificación de la política y la desregulación económica implicaron necesariamente el desmantelamiento del viejo orden sustentado en la idea nacional-revolucionaria, sus valores fueron removidos radicalmente pero no fueron sustituidos por otros similares que garantizaran la cohesión social.

La despolitización de la economía desamparó a las personas y los neoliberales ofrecieron la apertura democrática, que sin embargo se quedó estancada en su reforma permanente, olvidándose de la sustancia y los resultados. De acuerdo con los datos del Latinobarómetro el apoyo a la democracia en México disminuyó a partir de 2004, luego de los primeros tres años del gobierno de alternancia.

Hoy en día el 48 por ciento de los mexicanos apoya la forma de gobierno democrática. Es evidente la falta de un consenso respecto al tipo de régimen político deseado. Otro dato, el 57 por ciento de los mexicanos prefiere vivir en una sociedad ordenada aunque se limiten algunas libertades. Por lo menos la mitad de la población estaría aspirando a formas de gobierno distintas a la democracia.

De acuerdo con la última encuesta sobre confianza en las instituciones realizada por Mitofsky, solamente las universidades, la iglesia y el ejército tienen un nivel de confianza alto. En contraste, el presidente, la Suprema Corte de Justicia, diputados y senadores, todos están reprobados.

Recurrir a modelos de mano dura para encausar el desaliento social a nadie le conviene. Se prevé que esta semana se apruebe fast track el dictamen de la Ley de Seguridad Interior que legalice la militarización de la seguridad pública.

La normalización de la excepción no se limitará al campo de la seguridad, despejará el camino para la irrupción de la lógica castrense en el ámbito político. ¿Serán los militares los encargados de llenar los vacios de autoridad y diseñar un proyecto nacional?


Saúl Rivera

Politologuea, analiza la vida chilanga y jura que juega a las trais con su hijo de año y medio. @saulrjz

El Andén

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