Ciudad de México 17-10-2017
Vulnerabilidad y desigualdad: el lado poco visto del temblor
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Vulnerabilidad y desigualdad: el lado poco visto del temblor

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Los sismos sucedidos en el centro y sur del país hace un par de semanas han puesto de manifiesto diversas irregularidades y conductas indeseables en la construcción y asignación de permisos tanto de privados como de autoridades locales. La evidencia demuestra que los costos de los posibles actos de corrupción van más allá de pérdidas económicas y costos irreparables para familias y sociedad, sino que lleva consigo pérdidas de vida. Esto ha llenado los encabezados de la prensa escrita y electrónica en los días posteriores a la tragedia.

Sin embargo, existen elementos que no han sido tan relevantes en las notas periodísticas de los últimos días y son los que se refieren a los factores estructurales y sociales que hacen que una persona sea más vulnerable a estos fenómenos, así como a sus efectos. México no es ajeno a los desastres naturales, temblores, huracanes, sequías son una constante en su historia reciente, que, junto con los efectos del cambio climático, se han vuelto más devastadores y costosos. Los efectos son más perjudiciales en los sectores vulnerables.

La revisión del mapa de daños tanto en la capital del país como en los estados afectados, sin duda da evidencia de la actividad sismológica del país, pero a su vez da cuenta de muchos elementos sociales y económicos que caracterizan a la sociedad mexicana: la desigualdad, la marginación, la explotación, el machismo y la falta de acceso al pleno ejercicio de los derechos. Si bien nadie está exento del impacto de los desastres naturales, los efectos son extensos y profundos en las poblaciones vulnerables, como personas en condición de pobreza, mujeres indígenas.

Para probar esto basta unos números: de acuerdo a las cifras reveladas por el Gobierno de la Ciudad de México al 27 de septiembre, de los 330 fallecidos solo 35% son varones, mientras que 65% son mujeres. Tal como lo reportaba ya un diario (ver https://elpais.com/internacional/2017/09/27/mexico/1506468279_176624.html).

De igual forma, las víctimas del temblor en la Ciudad de México revelan la estructura del mercado laboral de acuerdo al género en la capital del país. El momento en el que sucedió el temblor (13:00 horas) y dado que los derrumbes sucedieron principalmente en casa habitación. Dado que las víctimas fueron principalmente mujeres, nos hacen suponer que estaban en casa en ese momento; ya sea en labores del hogar o trabajando como empleadas domésticas.

Las cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) y del Centro de Estudios Espinosa Yglesias contribuyen a lo anterior, las mujeres le dedican más tiempo al hogar (7 a 2 versus los hombres), pero también son también quienes más deciden (o son obligadas) a renunciar a trabajar mientras sus parejas se desarrollan profesionalmente. El caso de los derrumbes en la calle de Bolivar en el centro de la ciudad comprueba también que las mujeres son más vulnerables a la explotación laboral y a la trata de personas.

Pero eso no es fenómeno exclusivo de la pasada tragedia. Como ya lo ha revelado tanto las ONU, la OMS y ACNUR, indígenas, niños y mujeres son los más vulnerables a los desastres naturales. Tal como lo revela Informe de la Organización Mundial de la Salud 2016, los efectos de los desastres naturales en 141 países ponen de manifiesto que, si bien las catástrofes causan sufrimiento a todo el mundo producen más víctimas mortales entre las mujeres que entre los hombres, o bien se cobran la vida de más mujeres jóvenes que hombres. Esto se reproduce a menor edad, pues también son las niñas quien más fallecen versus los niños.

Esto sucede de igual forma en terremotos, inundaciones, tsunamis y huracanes. Una de las explicaciones se basaba en el hecho de que un mayor número de mujeres que de hombres están confinadas a sus casas, cuidando a sus hijos y los objetos de valor; y que en los momentos de alerta las mujeres pierden la vida esperando a que sus familiares regresen a casa para acompañarles a un lugar seguro.

Es decir, si bien los desastres naturales tienen efectos en todas las personas, las condiciones de origen de las personas determinan la dimensión del efecto de esta. Por lo que los sectores socialmente vulnerables son también ambientalmente más vulnerables.

Si bien las acciones de prevención tratan de atender diferentes elementos de peligro antes un posible desastre, estas son insuficientes si no logramos atender cuestiones estructurales que hacen que las personas encuentres habitación en lugares propensos a los riesgos. Esta es la razón por lo que las zonas más dañadas del país siempre coinciden con los estados más pobres: no es una coincidencia entonces que el mapa de riesgos coincida con el mapa de pobreza.

Las urbes no están exentas de ello, el mapa de la destrucción no sólo coincide con la geografía o el pasado lacustre de la ciudad; también revela el mapa de la exclusión en México. Si bien las zonas más pobres de la ciudad no fueron afectadas por su ubicación, sí las zonas que han sido excluidas del mercado inmobiliario. Las familias y personas que se vieron afectadas son aquellas que no pueden pagar el vivir en zonas seguras. Los que vivían en edificio construidos previos al cambio en las regulaciones de construcción, son aquellos que no podían pagar por casas o departamentos nuevos.

Junto con ello, las zonas de mayor dinamismo económico tienden a expulsar a aquellos que no pueden pagar ese estatus de vida. Es decir, no sólo son culpables los desarrolladores inmobiliarios y las autoridades que trabajan en contubernio con ellos, también son responsables los habitantes que frecuentan zonas económicas al amparo de vivir ciertos tipo o estándar de vida a pesar de que esos negocios no cumplen con las regulaciones de seguridad en construcción ni en protección civil. No solo es estructura, también hay una contribución social.

Las tragedias ante desastres naturales seguirán sucediendo mientras prevalezca la desigualdad, la pobreza y la exclusión social. 


Cristopher Ballinas

Seleccionado nacional de Kendo. Doctor en Ciencia Política por la Universidad de Oxford y Profesor en Políticas Públicas en el ITAM. @crisballinas

El Andén

Etiquetas: Temblor Sismos CDMX Vulnerabilidad Género Desigualdad